jueves, 26 de diciembre de 2013

Diecisiete años tenía la última vez que le vi. Diecisiete la última vez que me despedí de él. La última vez que le sonreí, que le dije algo, que le dije adiós.
Hoy tengo dieciocho y sigue siendo una mierda.
Muchas veces me había preguntado como seria eso de perder a alguien cercano, que se sentiría, como lo afrontaría, ¿lloraría al enterarme, me bloquearía? Eres idiota me digo ahora, y lo fuiste, lo has sido siempre. Nunca valoramos lo que tenemos ni a quién tenemos, solo sabemos quejarnos y sacarle defectos a todo. He sido así siempre y siempre lo voy a ser, aún hoy, ahora mismo, que no paro de repetirme que ojalá hubiera hecho las cosas distintas, estoy actuando aún peor con ella, que aún está aquí. Pero no soy capaz, ahora mismo, siendo una absoluta egoísta, solo estoy yo. No puedo con nadie más, no puedo ayudarlas, a ninguna, sin antes ayudarme a mí, no puedo sacar a alguien de un hoyo desde dentro. Solo quiero que me dejen sola, que me dejen llorar, reír, romper cosas y salir como yo quiera, no necesito que nadie me juzgue, no necesito llamadas que me lo recuerde, no necesito ver su nombre en el buzón ni necesito ver las fotos del salón. No quiero llegar a mi habitación y ver la cama vacía, el coche abandonado, no quiero oír como llega el vecino y pensar automáticamente "ya llega"
Porque nunca va a ser él, nunca va allegar porque nunca va a volver, nunca va a venir a por mi, a llevarme, él que siempre me llevaba a todos los sitios se ha ido al único sitio al que no puedo seguirle, no aún, aunque a veces me planteo si no seria lo más fácil.
He desaprovechado mi tiempo, lo sé, y aunque el mundo entero se emperre en decirme lo contrario la que lo ha vivido soy yo, y diecisiete años pueden parecer muchos pero no lo son, no es nada, y siempre pesa más lo no vivido que lo que fue.
Te has ido, pero no sufres, porque no sientes, tú te has ido pero soy yo la que se queda atrás, la que llora a escondidas, la que se hunde en un pozo que le supera, la que no sabe qué hacer ni qué sentir, la que se siente culpable por echarte de menos y la que se siente mala persona por no hacerlo las 24 horas. Y te odio por ello, por dejarme, por las promesas incumplidas, por no ver mis dieciocho, por todo lo que te vas a perder, por lo que no vamos a vivir, porque siento que ya no tengo a nadie. Pero no puedo odiarte, no es justo y no es cierto, te quiero, te he querido y siempre te voy a querer. Pasen los años que pasen. Nunca te lo dije, al menos que recuerde, y no sé porqué, tal vez vergüenza, o tal vez simplemente es algo que se sabe, solo espero que fueses feliz, que no fuese una decepción para ti, que te sintieses orgulloso de mí, que fuéramos lo que buscabas.
Todo el mundo dice que hay una nueva estrella en el cielo, cuidando de mí, y aunque quisiera que estuvieses aquí, cuidando de mi, espero que si estás en algún lado, me veas y sonrías, me sigas queriendo a pesar de haber hecho las cosas mal y me perdones por todo. Nunca fui la hija perfecta, ni tú el padre perfecto, pero eras y serás mi padre, siempre, y siempre te querré. Siempre.
No puedo evitar pensar que cada nuevo día, cada sonrisa, cada cosa nueva que me pasa es algo que nunca te contaré, algo que nunca sabrás, y eso me mata por dentro, cada día un poco más, porque no me hago a la idea de no volver a verte, de no volver a abrazarte, de no volver a decirte nada, de no bromear, de ser nosotros contra el resto, de discutir y de decirnos adiós.
Lamento no haberme despedido de ti, no fui capaz, no fui capaz de mirarte a la cara una última vez, no. No podía decirte adiós y pensé que si no lo decía no sería real, pero lo es, y no haberte dicho adiós es algo que me rompe por dentro. No haberte dicho unas últimas palabras cuando aún estabas. No haberte dicho te quiero una última vez.
Has roto promesas sin hacer, hay cosas que te vas a perder, y ver que soy la única que las va a perder, porque todo el mundo las va a tener, todos van a tener sus 18 con sus padres, van a sacarse el carnet con ellos, van a sufrir su primera bronca por borrachera, su graduación universitaria, su primer trabajo, su primer sueldo, sus vacaciones con amigos con desplazamiento paterno, su boda, navidades, cumpleaños, veranos, fiestas.... y yo no. YO NO. PORQUÉ YO NO. PORQUÉ A MÍ. Qué he hecho.
Solo sé que son las 4:30 y que no puedo parar de llorar y de echarte de menos, que la cama vacía me mata, que mis 18 no son 18 sin ti y que me arrepiento de no haberte valorado más, de no haberte querido, de no haber sido buena hija y de haber desperdiciado nuestra segunda oportunidad, de que este verano fuese incapaz de hacer otra cosa que quejarme en nuestras últimas vacaciones juntos porque me perdía una reunión más, de haberme dedicado a leer e ignoraros a todos, de haberme encerrado y no vivir con vosotros, de obviaros y de no saber lo que tenía.
Lo siento, y te quiero, y quiero que vuelvas, aunque sea para poder decirnos adiós.
Espero que si estás en algún lado cuides de mí y te sientas orgulloso de lo que trato de ser. Seré fuerte. Por ti. Siempre. Sé mi estrella. No te olvidaré jamás, papá.

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